Cuando la Oportunidad de Rivalidad se hace Presente...

 
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Juan 3:26-29
26 y fueron a decirle a Juan:
—Maestro, el que estaba contigo al otro lado del Jordán, de quien diste testimonio, ahora está bautizando y todos lo siguen.
27 Juan les dijo:
—Nadie puede tener nada, si Dios no se lo da. 28 Ustedes mismos me oyeron decir claramente que yo no soy el Mesías, sino uno que ha sido enviado delante de él. 29 En una boda, el que tiene a la novia es el novio; y el amigo del novio, que está allí y lo escucha, se llena de alegría al oírlo hablar. Así también mi alegría es ahora completa.
 

En esta escritura, Juan no estaba rivalizando con Jesús, y Jesús no estaba rivalizando con Juan. Ninguno de los dos estaba preocupado por lo que el otro estaba haciendo, porque estaban en el mismo equipo. Ellos sabían exactamente lo que estaban llamados a hacer. Pero la otra gente en su equipo decidió presentar las comparaciones. Y creo que eso gracioso porque, incluso si tu no te estás comparando con los demás, alguien en algún momento vendrá para resaltar lo que otra persona está haciendo. ¿Qué harás en ese momento? 

La reacción más fácil es comenzar a mirar lo que otras personas están haciendo. Lo que tu estas haciendo puede ser significativo y tener gran influencia, pero puede que comiences a devaluar eso basado en lo que ves a otras personas haciendo. De la manera en la que lo veo cuando se te presenta el caso de rivalidad, tienes dos opciones: puedes responder, o puedes reaccionar.

Sé lo que es reaccionar. No estoy poco familiarizada con un pequeño drama a veces. Hay aproximadamente 10% de drama en cada mujer. Cuando estoy reaccionando, empiezo a hacer preguntas como “¿Lo que estoy haciendo es tan bueno como lo que ella está haciendo?” O “¿Lo que estoy haciendo tienen la misma cantidad de influencia que esa persona?” Todos hacemos esto. Comenzamos a ir en este viaje para tratar de medir nuestra influencia, a veces incluso cuestionar nuestro llamado. Nunca desees llegar a ese lugar. Es ahí cuando todo se desvía de control.

Sin embargo, John tuvo una brillante respuesta. En ese momento, aplastó ese espíritu de rivalidad. Me encanta la forma en que lo hizo, como él dice, “Yo sé lo que no soy.” Y luego dice: “Pero yo sé lo que soy”.

Es bueno saber lo que no eres. Sé que no soy un cantante. Mi esposo me ha iluminado a saber esto. Mis hijos también me han iluminado en muchas ocasiones. “Por favor mamá, estás asesinando esta canción. Por favor, deja de cantar.”

Así que sé lo que no soy, pero sé lo que estoy aquí para hacer. Juan esencialmente dice: “Yo no soy el Mesías. Yo soy el que está aquí para preparar el camino para Él.” Cuando tienes ese llamado de Dios, puedes vivir tu vida con profundidad de convicción. Veo a tantas personas viviendo lo que piensan que es el propósito de su vida, pero simplemente han tomado el propósito de alguien más y han tratado de adaptarlo a su vida. Eso no es lo que Dios nos ha pedido. Él nos ha pedido que obtengamos nuestro propósito directamente de Él, que obtengamos la palabra de Él, y luego corramos con ese llamado con toda diligencia.

Cuando Jesús, el Salvador humano mismo, entra en escena, como Juan, yo habría sido tentado en ese momento a renunciar a todo lo que estaba haciendo, olvidar mi llamado y seguirlo. Sin embargo, debido a que Juan había recibido ese llamado de Dios, el no lo abandonaría a menos que Dios le dijera lo contrario. Él no se hizo uno de los discípulos de Jesús, él continuó preparando el camino para Jesús.

Cuando el caso de rivalidad se te presenta es también una oportunidad para que seas una persona que opta vivir sin rival. Creo que todas tenemos la habilidad dentro de nosotras mismas de levantarnos y llegar a ser mujeres que no tienen rival. Es fácil ser rivales. Pero creo que todas tenemos la capacidad de levantarnos, de recurrir al llamado más alta en nuestras vidas, y de ser aquellas que no tienen rival.

Juan dice algo realmente hermoso en el versículo 29: “Por lo tanto, estoy lleno de alegría por Su éxito.” Podemos ser realmente felices y sinceramente agradecidos por el llamado y el propósito de otra persona en su vida. Podemos ser felices por sus éxitos. Podemos ser defensores unos de los otros, encargados de complementarnos y mejorarnos la una a la otra. Tienes que aprender cuándo cerrar tu boca o bloquear un pensamiento, y cuándo detenerte de ir por ese camino de comparación que sabes que conduce a la destrucción.

El verdadero fruto del liderazgo se mide por las vidas brillantes que lideras. Cuando a mi alrededor está floreciendo, eso es lo que me hace feliz. Ese es el éxito para mí. No es mi nivel de logro. Es en realidad preguntarme, ¿cuántas personas atraigo conmigo? ¿Cuántas personas traje conmigo? ¿Cuántas personas fueron capaces de lanzarse desde la plataforma que cree para ir aún más lejos de lo yo podía ir? Ese es el tipo de fruto que quiero ver en mi vida.

Escrituras Adicionales: Proverbios 3:26, Proverbios 14:1

REFLEXIÓN

  1. ¿Qué cosas sabes que no eres?
  2. ¿Cuáles son los dones espirituales que puedes usar para promover el reino de Dios?
  3. ¿Cómo puedes ayudar a construir a otros en lugar de buscar la auto-promoción?
  4. ¿Qué se ve en tu vida estar llena de alegría por el éxito de otros?

ORACIÓN

Querido Dios,

Tú eres el que me creó para vivir sin rivalidad en mi llamado, y te alabo por eso. Mi deseo es mantener mis ojos fijos en la promesa sin rival que Tu tienes para mí. Ayúdame a caminar con confianza en las cosas que tienes para mí y abrazar mi mañana.

En el nombre de Jesús,

Amén